El dolor es eterno
Se cruzó de piernas y se dispuso a esperar, después de todo, ya nada podía ser peor. Por su cabeza se cruzaron una vez más todos esos fríos recuerdos que ni al enemigo uno le ha de desear. El estremecimiento era normal después de emplear la imaginación, pero ya nada podía ser peor. Nada.
Ella sabía que jamás sus ojos volverían a brillar más que su sonrisa.
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