
Y en ese momento de tanta plenitud, sentí que quería morir, nada ni nadie mas importaba, el resplandor de aquel sol anaranjado seguía mis pasos ahuyentado por la sombra de mis pensamientos, fue un momento eterno, fue el momento que hace mucho esperé, una mezcla de angustia y felicidad, una vorágine cualquiera, una ausencia declarada… ¿Cuánto tiempo a pasado desde aquellas jóvenes promesas?
Las aceras llenas de miedo donde mis huellas marcan lo que nunca volverá y lo que más amé… ¿Podré nacer de nuevo? ¿Podré de nuevo morir?
Mirando mis manos comprendo que hace muchos años atrás, ese mismo resplandor anaranjado rozó mi cuerpo sujeto a brazos firmes que jamás me dejarían caer. Manejar el tiempo es lo que quiero, mirarte a los ojos y sentir que las agujas del reloj avanzan lento a nuestro favor. Me siento como un barquito que hacia cualquier lugar va, jugando con el viento, jugando con todo lo que quisimos proteger ¿Por qué debe terminar?
Mientras tanto seguiré como una vagabunda buscando una puerta que me lleve a lo que fuimos, mis pensamientos serán mi aliado, serán lo eterno, serán lo que nadie más ve.
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